En los últimos meses, muchas personas me hablaron de su sensación de soledad. Algunas, después de jubilarse o atravesar una separación, descubrieron que no habían construido una red de intercambio. Otras están rodeadas de gente y, aun así, se sienten solas.
Esto me llevó a preguntarme: ¿qué estamos esperando recibir de los demás?
Todos necesitamos afecto, vínculos y compañía. Pero cuando dependemos de la atención, la aprobación o el reconocimiento externo para sentirnos valiosos, entregamos a otras personas la responsabilidad de sostener nuestra vida.
El autoconocimiento nos permite observar por qué nos cuesta acercarnos, confiar, construir una amistad o disfrutar de nuestra propia compañía. También nos ayuda a reconocer cuánto esperamos recibir y qué estamos dispuestos a compartir.
Quizá la salida de la soledad comience con algunas preguntas:
¿Dónde estoy yo en mi propia vida?
¿Cuánto me conozco?
¿Qué me impide acercarme a los demás?
¿Qué pequeño movimiento puedo hacer hoy?
Volver la mirada hacia dentro puede ser el primer paso para encontrarnos y, desde allí, abrirnos nuevamente al mundo.
Heloisa Aragão




